domingo, 24 de mayo de 2009

Mi confrontación con la docencia

Soy de profesión Químico Farmacéutico Biólogo y maestro en Farmacia Clínica y Hospitalaria. Inicio mi actividad docente de manera fortuita en 1987, en nivel superior, sin la mínima experiencia frente a grupo, excepto 4 conferencias como pasante ante estudiantes de secundaria y mi examen de grado abierto.
Ocurrió así: termino mis estudios de licenciatura en enero de 1987 y el 24 de febrero del mismo año me estaba graduando ya que tuve la oportunidad de ir adelantando la tesis desde el 8º semestre de la carrera.
En días posteriores, una de mis sinodales sufre un accidente que la incapacita por dos meses; con la estructura académica plenamente establecida, materias, maestros, horarios, grupos asignados, etc.., por parte de la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Campeche y, teniendo a la “vuelta de la esquina” el inicio del siguiente semestre (marzo), les resultó difícil buscar de ultima hora un docente con la disponibilidad de horario, con el dominio de la materia de Análisis Clínicos y que solo aceptara contrato por dos meses, pagaderos de manera directa por la afectada, dado que administrativamente les resultaría engorroso. Fue así que la tarde del viernes 28 de febrero sonó el teléfono de casa, era la directora de la facultad y jefa del Laboratorio del Hospital General de Campeche – Miguel te invito a que impartas clases de Análisis Clínicos al tercer semestre de la carrera- , sin comprender por la sorpresa me atreví a preguntar, -¿yo química?- si, tu-, sin salir del asombro y con un shock mental, todavía pregunté - ¿Cuándo?- , la respuesta fue seca y me volvió a la realidad – el lunes 3 de marzo empiezas a las 11:00. ven para que te dé los pormenores-. Las razones las he narrado ya, déjenme decirles que fui parte de la primera generación de Q.F.B. de la facultad y en aquel entonces estos profesionales escaseaban, la única experiencia en análisis clínicos que poseía fue que desde el 3er. semestre por iniciativa propia, solicité permiso para acudir al laboratorio del hospital para “ir aprendiendo” y, a los dos años de estar acudiendo ya formaba parte del personal como laboratorista suplente.

De igual forma en el nivel medio, también fue fortuito: inicié en enero de 1988 en la Secundaria Nocturna del Instituto Campechano, supliendo un semestre a un condiscípulo que requería tiempo para graduarse, mi compañero no regresó, al año siguiente al director de la secundaria lo nombran director de la preparatoria y me pide colaboración, dejo la secundaria y me incorporo al nivel medio superior y es que hasta la fecha formo parte de la Escuela Preparatoria del mismo colegio.

Quiero decirles que para mi, mas que ser maestro me considero un orientador y digo trato de se maestro, puesto que no lo sé todo, me gusta enseñar, compartir, lo disfruto; es una responsabilidad enorme, dado que como los estudiantes están en la etapa de desarrollo y acentuación de sus caracteres, tienden a idealizar a un docente, trato de cuidar mi forma de ser, desde mi apariencia física como mi manera de dirigirme a ellos, trato de ganarme su confianza pero manteniendo férreamente el limite entre alumnos y maestro, y pienso que en ello se basan los comentarios sobre mi persona: “ese maestro es buena onda, pero no se anda con rodeos, no te pases porque te truena”, la responsabilidad a este nivel es mucha, puesto que marca en gran medida el futuro de un estudiante; intentar ser maestro es difícil y mas si no se tienen las herramientas necesarias para ello, resulta ser muy satisfactorio, a mi me da gusto ver a alumnos que “aborrecían la química” y que ahora son al igual que yo Q.F.B., y mas que me digan: por usted ¡mire en que acabé¡, y otros con diferentes profesiones, y mucho mas que cuando me encuentran acompañados de sus hijos les dicen: “este fue mi maestro de química”; algunos que a pesar de su condición humilde, a pesar de sus padres y de mí, salieron adelante, es indescriptible la satisfacción que uno siente, cuando te ven en la calle y te saludan de una forma que no es necesario mediar palabra, pero también en difícil encontrarse con la otra cara de la moneda al ver a uno que fue mi alumno y que no culminó, al que constantemente se le llamaba la atención por no poner de su parte, pero también he pensado que quizá yo no supe como encausarlo mejor, se siente feo que pasen junto de uno evadiendo la mirada, también ellos eran mi responsabilidad.
Con lo anterior no quiero decir que toda la responsabilidad es del maestro, también las autoridades cuentan, también los aspectos directivos, administrativos, las instalaciones etc.., juegan un papel importante en la conformación de un ambiente propicio para el aprendizaje, es por ello que a pesar de todas las adversidades debemos de continuar, siempre adelante, tratar de ser mejores cada día.
El proceso enseñanza – aprendizaje es multifactorial y por ende debemos prepararnos cada día mas a fin de poder integrar todos esos factores, que le permitan alcanzar a un estudiante ser capaz y competente en la vida.

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